
Cubiertos por los rayos que el sol ha dispuesto para la ocasión, sentados casi al borde de una banca de la que aún penden sus piernas que van de uno a otro extremo, envueltas en el miedo y la emoción que encierra un encuentro. Ambos esperan del tiempo, la señal del primer beso. Él arriesga con su brazo izquierdo atrapar aquel hombro, hasta entonces ajeno, con su mano diestra, resbala una inocente caricia en las mejillas de ella que asustada, se resiste a dejar de chupar el chocolate de su helado, él apenado, se hace a un lado y aguarda, como lo ha hecho desde hace una hora que llegaron. En su cabeza, un pensamiento ronda: “es lo malo de tener, apenas ocho años”. Ella entonces le pregunta si “quiere una probada”, él resignado asiente, ella acerca sus labios y susurra “prueba” y cierra los ojos, él estrena su boca.
Salvador Eduardo García Yllescas


Doña Primavera
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Gabriela Mistral
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Doña Primavera
viste que es primor,
viste en limonero
y en naranjo en flor.
Lleva por sandalias
unas anchas hojas,
y por caravanas
unas fucsias rojas.
Salid a encontrarla
por esos caminos.
¡Va loca de soles
y loca de trinos!
Doña Primavera
de aliento fecundo,
se ríe de todas
las penas del mundo...
No cree al que le hable
de las vidas ruines.
¿Cómo va a toparlas
entre los jazmines?
¿Cómo va a encontralas
junto de las fuentes
de espejos dorados
y cantos ardientes?
De la tierra enferma
en las pardas grietas,
enciende rosales
de rojas piruetas.
Pone sus encajes,
prende sus verduras,
en la piedra triste
de las sepulturas...
Doña Primavera
de manos gloriosas,
haz que por la vida
derramemos rosas:
Rosas de alegría,
rosas de perdón,
rosas de cariño,
y de exultación.
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